Guía para bajar presión caldera sin complicaciones

Bajar la presión de la caldera es una operación habitual y necesaria para garantizar el correcto funcionamiento del sistema de calefacción. Una presión excesiva puede provocar averías, fugas de agua, bloqueos de seguridad o un desgaste prematuro de los componentes internos. Por ello, conocer cuándo y cómo reducirla correctamente es clave para mantener la instalación en condiciones óptimas.

En la mayoría de viviendas, la presión de la caldera debe mantenerse dentro de un rango concreto. Cuando este valor se supera, el propio sistema puede emitir avisos o detenerse por seguridad, pero conviene actuar antes de que aparezcan problemas mayores.

Cuál es la presión correcta de una caldera

En condiciones normales y en frío, la presión de una caldera doméstica suele situarse entre 1 y 1,5 bares. Cuando el sistema está en funcionamiento y el agua se calienta, es normal que la presión aumente ligeramente, pudiendo alcanzar valores cercanos a 2 bares.

El problema aparece cuando la presión supera de forma constante los 2,5 o 3 bares. En ese punto, la caldera entra en una zona de riesgo y puede activar la válvula de seguridad para liberar agua y reducir la presión de forma automática.

Por qué sube la presión de la caldera

Una de las causas más comunes del aumento de presión es un llenado excesivo del circuito. Esto ocurre al añadir demasiada agua tras purgar radiadores o después de una intervención de mantenimiento.

Otra causa frecuente es el mal estado del vaso de expansión. Este componente absorbe las variaciones de volumen del agua al calentarse. Si falla, la presión aumenta rápidamente cada vez que la caldera entra en funcionamiento.

También pueden influir subidas de presión en la red de agua o errores en el intercambiador, aunque estos casos son menos habituales.

Cómo saber si hay que bajar la presión

El indicador más claro es el manómetro de la caldera. Si la aguja o el valor digital se sitúa claramente por encima de los valores recomendados, es necesario actuar. Algunos modelos muestran avisos o códigos de error cuando la presión es excesiva.

Otros síntomas habituales son goteos por la válvula de seguridad, ruidos anómalos o bloqueos del equipo tras alcanzar cierta temperatura.

Cómo bajar la presión de la caldera de forma segura

La forma más sencilla de bajar la presión es purgar uno o varios radiadores. Al liberar aire y agua del circuito, la presión disminuye de forma progresiva. Es importante hacerlo con la caldera apagada y en frío para evitar lecturas incorrectas.

Otra opción es vaciar ligeramente el circuito mediante la válvula de vaciado, si la instalación dispone de ella. Esta operación debe realizarse de forma controlada, comprobando el manómetro tras cada pequeña descarga.

En ningún caso debe manipularse la válvula de seguridad, ya que no está diseñada para este uso y podría quedar dañada.

Qué hacer después de bajar la presión

Una vez ajustada la presión al rango adecuado, conviene encender la caldera y comprobar su comportamiento durante un ciclo completo de funcionamiento. La presión debería aumentar ligeramente al calentarse y estabilizarse sin superar los límites recomendados.

Si la presión vuelve a subir de forma rápida o constante, es probable que exista un problema en el vaso de expansión o en la propia instalación, lo que requiere una revisión técnica.

Errores habituales al bajar la presión

Uno de los errores más comunes es bajar demasiado la presión. Si el valor cae por debajo de 1 bar, la caldera puede bloquearse o no arrancar. En ese caso, será necesario volver a introducir agua en el circuito.

También es frecuente manipular la presión con la caldera caliente, lo que provoca lecturas incorrectas y ajustes poco precisos.

Cuándo llamar a un técnico

Si la presión sube de forma recurrente, si hay pérdidas de agua visibles o si la válvula de seguridad gotea con frecuencia, no basta con bajar la presión de forma puntual. Estos síntomas indican un fallo interno que debe ser revisado por un profesional.

En estos casos, resulta útil ampliar información específica sobre cómo bajar la presión de la caldera y cuándo es necesaria una intervención técnica.

Prevención y mantenimiento

Mantener la presión dentro de los valores correctos forma parte del mantenimiento básico de la caldera. Revisar el manómetro de forma periódica, purgar radiadores cuando sea necesario y realizar revisiones anuales reduce la probabilidad de incidencias.

Un sistema bien ajustado no solo funciona mejor, sino que consume menos y alarga la vida útil de la caldera.

Conclusión

Bajar la presión de la caldera es una tarea sencilla cuando se realiza con criterio y en el momento adecuado. Mantenerla dentro del rango recomendado evita averías, bloqueos y pérdidas de agua innecesarias.

Ante presiones anómalas recurrentes, una revisión profesional garantiza seguridad, estabilidad y un funcionamiento eficiente del sistema de calefacción.